Pintura de  Mª Teresa Miranda
La serena, Chile

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Donde estés

Breve selección de poemas


LA MEJOR CASA POSIBLE

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El agua y el sol todavía alimentan las cosechas. Las flores aún desnudan sus estambres con el viento. Hay quien dice que habitamos la mejor casa posible.

Casa que habita este fuego residente: Retallar de los incontables, seres de porvenir legendario, prestidigitadores de la llama, molares de un sol hurtado en secreto.

Donde crece el desarraigo del trigo y la ignorancia, destral de doble filo, empoza las tripas de la ceremonia.


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AMADO HIJO, AMADA HIJA


En adelante, sobre ti tenderán tibias redes, eslabones de cuero y estaño, refinados temores insoladores: Alquimias de oro más un miedo complaciente apretándote hasta la extenuación.

En adelante, recibirás certeras prescripciones para rendirte a tiempo, golpear, driblar, callar, amar sin la molestia de amar, olvidar sin la necesidad de olvidar: Pasar sin ver.

Pero tú puedes                                              acercar la cerilla a la lámpara.                             En la ventana de lumbre                                        el combate persevera.

Primera lectura del fuego:                             Alargar el pensamiento                                  rebasando con nuestra acción                                 el talud donde las piedras quieren             domeñar nuestro destino.


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ENTRE UNA REALIDAD Y OTRA

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A modo de enigmática fiebre, el almendro glorificado por el horizonte en medio del páramo, parece querer simbolizar la realidad embalsamada con su más dulce, vital e irrevocable, voluntad dislocadora.

La misma realidad consciente que velan nuestros sentidos:       Cima inasequible                                                                             a la que sólo llegamos con las plantas de los pies desolladas;                                                                               cima elevada                                                                                    más allá del hueco de nuestros ojos vivos,                              brillantes,                                                                                      de halcón.

También execrable delirio                                                              donde cuelga sus ganchos el carnicero.


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TODA TRANSFORMACIÓN ES POSIBLE

Toda transformación es posible

Paul Eluard

 

La he visto con los ojos de una mujer

serena, alegre y justa.

La he dibujado con trozos de versos

de colores vivos y sonidos

como una reivindicación de la libertad humana.

La he colectivizado

precisando el ritmo  de su corazón diario,

cotidiano, de luz solar,

de viento nocturnamente azotando.

He indagado en la constante mutabilidad de sus gestos;

he restallado la cal de su espalda;

he socavado sus tesoros

y probado la crudeza de su carne;

he rescatado axiomas de irrealidad

entre el verdín impuro de sus alcantarillas

para saber, finalmente, que ella, realidad,

se asemeja más a la voluntad

que a las flores.

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DESVANECIMIENTOS DE REDES

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Jamás he cedido a la abdicación incondicional del remordimiento junto a la papelera de reciclaje, a un costado del mostrador. Tampoco pierdo el tiempo mordiendo el dogal sudado que nunca bailó alrededor de mi cuello. Únicamente, sin preocuparme por la estatura del polvo,  admiro la luz reflejada en la rojez de la cereza que sujeto entre los dedos.

Extraer de la clandestinidad a la naturaleza, para entregarse luego a su confidente complicidad, cual feliz reencuentro, produce risa, fulgor, desvanecimiento de redes.

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SILENCIO EN EL OJO DE LA FIESTA

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Afuera el corazón corre grave riesgo de helarse

Trabajo, compras, idas y venidas 

Estrellas incontinentes aparcan en los subterráneos de una impúdica estupidez viva iluminada, mientras los miserables le cantamos al fuego, primogénito del sol, al pie de esta babel de apetito sin entrañas, donde los ojos asolan, no socavan, ojos estupefactos.

Trabajo,  compras, idas y venidas

Afuera no se oye nada,

sólo el ruido del viento golpeando las lisas paredes de las tapias.

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Damian H. Cuesta